EL TURISMO Y LA BIODIVERSIDAD EN ARTANTIDA.


 

¿Sera posible que la presencia de turistas afecte la naturaleza en la Antártida? Pocos no s hemos hecho esa pregunta, e incluso muchos creerían que el turismo en la Antártida no tiene sentido; pues bien, vamos a reflexionar un poco al respecto. En Antártida  no existen  normas internacionales que regulen el turismo, así que un centenar de compañías turísticas que operan en la región crearon la International  Association Antártica Tours Operator, con sus propias e insuficientes normas, por ejemplo, no pueden acercarse al continente con barcos de más de 400 pasajeros, no pueden desembarcar más de 100 personas a la vez, no pueden coincidir dos barcos en el mismo punto de desembarco, etc.

Sin embargo cabe aclarar que toda actividad humana genera un impacto en cualquier ecosistema; por ejemplo: ¿sabían ustedes que después de las 500 pisadas, una cubierta vegetal es ya de difícil recuperación?  Pues así es, varios investigadores reconocen que el peligro del turismo antártico.

Todo lo que ocurre en la Antártida nos afecta al resto del planeta, es uno de los focos que mueven toda la ingeniería del clima a nivel planetario. Conocer ese clima nos permite mejorar nuestras predicciones meteorológicas. Resulta paradójico que al lugar más limpio y más impoluto del planeta llegase la contaminación producida en un lugar tan distante como el hemisferio Norte.

Ahora un poco de historia, el primer barco con turistas llegó a las costas antárticas en 1958. A partir de 1990 la actividad turística se disparó. En 2009 se registró el máximo de visitantes hasta la fecha: 50.000 personas. Si es correcto 50.000! En el 2011 ese número descendió a 35.000. En total, la pasada temporada 2010-2011 operaron 51 barcos de diversas compañías en la Antártida, a los que hay que sumar las llegadas en avión a Union Glacier Camp, el único campamento turístico en el interior del continente.

La Antártida tiene 14 millones de kilómetros cuadrados (3 más que el continente europeo) pero las 35.000 personas que fueron allí el año pasado se movieron solo en el 0,005% de ese territorio.

Es decir, de 1000 kilómetros de costa de la Península Antártica (la zona a la que van todos los cruceros turísticos) se utilizan solo unos 200 puntos de desembarco; de ellos, la mitad no reciben más de 500 visitantes al año, y la mayoría se concentran en 10 lugares muy concretos (entre ellos, Port Lockroy e isla Decepción). Es decir, la inmensa mayoría de la Antártida está libre de visitas turísticas… afortunadamente.

 

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